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martes, 9 de junio de 2015

Cambio de ciclo económico y movimiento de piezas en el tablero político ecuatoriano

Por Decio Machado




Estamos al inicio de un nuevo ciclo electoral en Ecuador. A pesar de que las próximas elecciones presidenciales no tendrán lugar hasta dentro de 20 meses, febrero del 2017, es evidente que ya se mueven en clave estratégica las principales piezas del tablero político ecuatoriano.


Análisis de situación y contexto

Desde que comenzara a notarse en la economía nacional los impactos derivados de la caída de los precios de petróleo, el régimen correísta viene sufriendo un paulatino desgaste político, el cual acompañado del deterioro de la imagen presidencial –principal eje estratégico sobre el que se ha articulado la legitimidad del gobierno-, se abre la puerta a un panorama político diferenciado a lo hemos asistido durante los ocho años anteriores.


La caída con posterior recuperación y estabilización de precios del crudo, muy por debajo del contemplado en la proforma fijada por el gobierno para el Presupuesto General del Estado del 2015, ha marcado el cambio de ciclo económico respecto al boom de los commodities que acompañó hasta ahora la gestión correísta.


La actual situación económica requeriría autocrítica por parte del Gobierno reconociendo errores de gestión y una apuesta equivocada por un modelo que en la actualidad desnuda sus límites políticos en los planos económicos y sociales. Los errores de conducción en un proceso dirigido por burócratas tecnocráticos con escasa base ideológica han generado distintos vaivenes en las políticas públicas, conllevando escasa efectividad en materia de diversificación productiva, rentabilidad en el sector agropecuaria y políticas claras respecto a la redistribución de la riqueza nacional. Las políticas de desarrollo implementadas por el correísmo durante estos ocho años conllevaron la profundización de la dependencia nacional respecto al mercado internacional de commodities y han demostrado la falta de valentía o voluntad oficialista para afrontar cambios estructurales reales en el país.


Gran parte de los logros políticos desarrollados por el régimen, la mayoría de ellos sostenidos gracias a las elevadas exportaciones petroleras desarrolladas en estos últimos ocho años (57 mil millones de dólares descontados los costos de los combustibles importados), están ahora en riesgo. Resultó que al “jaguar latinoamericano” le dieron de comer los dueños del circo y llegado en momento de su vuelta a la selva por quiebra del negocio este se muestra incapaz de cazar.



Como dato relevante, basta evidenciar que las exportaciones de bienes procesados no petroleros en 2006 significaron un 4,9% del PIB nacional mientras que en el 2014 dicho porcentaje descendió al 3,9%. Todo ello a pesar del “discurso vanguardia” del régimen basado en el cambio de matriz productiva y la transformación del régimen de acumulación heredado de la “larga noche neoliberal”.


Incapaces durante ocho años de diversificar de manera significativa la producción nacional, se profundizó un proceso de reprimarización donde el petróleo alcanzó al 55% de las exportaciones totales ecuatorianas. Consciente del impacto político y económico que la bajada de precios del crudo significa para su gobierno, el presidente Rafael Correa anunciaría a comienzos del 2015 que “estamos empezando un año difícil (…) pero pueden estar seguros que hemos tomado todas las precauciones y las estrategias del caso”. Cinco meses después, y ante el estancamiento de la capacidad de recuperación del precio del barril de crudo, el mandatario volvería a hacer declaraciones -en este caso de acentuada graduación volumétrica- indicando el mantenimiento del dinamismo económico nacional y que el país está preparado para “escenarios extremos” como una caída de hasta 20 dólares por barril.


Sin embargo la realidad es tozuda y la estimación de crecimiento de la economía ecuatoriana pasó del 3.5% estimado por el FMI en su informe del abril del pasado año (4,1% en el caso del Banco Central del Ecuador) al 1,9%  en exactamente un año después (abril de 2015). Para una economía con un PIB per cápita de USD 6.002,9 (Producto Interno Bruto año dividido por la población, datos Banco Mundial a 2013) no estamos hablando de una tasa de crecimiento de perfil alto y por lo tanto tampoco de un gran dinamismo en la economía nacional. Citando a Anatole France, premio nobel de literatura en 1921, “sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento”.


Sin duda este tipo de afirmaciones entre otras tantas vertidas en los últimos meses, son las que han hecho que el presidente ecuatoriano haya bajado notablemente sus niveles de credibilidad ante la opinión publica, dato que según la encuestadora CEDATOS pasó 53% en enero del presente año al 45% dos meses después, habiéndose elevado el número de las personas que no le creen del 40% al 49% en ese mismo período.


La supuesta preparación del gobierno nacional para afrontar esta ralentización económica y semi-descapitalización del Estado se ha basado en las siguientes líneas de acción: recorte de 1.420 millones de dólares (un 3,91% el presupuesto general del Estado) sobre el cual se aplican 839.9 millones en recortes del gasto de inversión y 580 millones en gasto corriente –salarios, bienes y servicios-; incremento de impuestos a un tercio de las importaciones con el fin de evitar salida de divisas al exterior; un incremento agresivo de la deuda interna y externa de país, la cual al cierre del ejercicio 2014 totalizó 30 mil millones de dólares y representó el 30% PIB, a lo cual hay que sumar otros 8.807 millones de dólares de déficit fiscal por cubrir en base a las necesidades presupuestarias del país (subirá el volumen de deuda a unos 39.000 millones de dólares) lo cual significa algo más del 35% de endeudamiento respecto al PIB sobre un límite fijado en la Constitución de Montecristi del 40% (se espera en el próximo año una nueva modificación del texto constitucional con el fin de ampliar los niveles de endeudamiento permitidos), a lo que habría que añadir también otros 2.142 millones de dólares en preventa de petróleo a empresas chinas de los cuales mil millones han de abonarse en el presente año y que son contabilizados como operaciones de venta anticipada por la empresa pública Petroecuador en un alarde ingeniería financiera que busca camuflar el incremento en deuda externa; la eliminación del aporte del 40% que hasta ahora estaba obligado a desembolsar el Estado para asegurar el pago de pensiones del Instituto Ecuatoriano de la Seguridad Social, lo que viene a significar 700 millones de dólares de ahorro este año al Estado con la consiguiente puesta en riesgo del futuro de las pensiones a los trabajadores del país; la emisión por dos veces –marzo y mayo del presente año- de bonos en los mercados internacionales para financiamiento interno, colocando 750 millones de dólares en cada ocasión, la primera a cinco años y al 10,5% de interés y la segunda con vencimiento en 2010 y un rendimiento del 8,5%, lo cual demuestra la carencia de fiabilidad del país en el mercado internacional de deuda (países como Perú logran financiamiento a 35 años al 5,63% de interés); así como otras medidas improvisadas, entre las que destaca el reciente asalto al Fondo de Cesantía del Magisterio ecuatoriano, lo que en términos económicos son 405 millones dólares en fondos previsionales de sus afiliados enfocados a productos solidarios, especialmente en inversión para vivienda (otros fondos privados de pensiones que ya han pasado a manos del Estado son lo que pertenecen a los trabajadores de la Empresa Eléctrica Regional Centro Sur, los de la Universidad Técnica de Ambato, los de la Politécnica del Ejército y el de los servidores públicos del Ministerio del Interior y de los gobierno provinciales de El Oro y Morona Santiago).


En la actualidad el régimen está difiriendo gran parte sus gastos hacia futuro, dado que ya comienza a tener un servicio de deuda alta –destina en la actualidad un 4,7% del PIB a atender el servicio-, todo ello en medio de un panorama mundial  que no resulta muy halagüeño.


En este contexto, la frase favorita del régimen y su mandatario es “lo más duro ya pasó, los precios del petróleo se están recuperando”. Una vez más se mezcla deseo con realidad y se ignora que recientemente el Bank of America Merrill Lynch emitió un informe en el cual se expresa que debido al exceso de suministro, la debilidad de la demanda en mercados emergentes, el retorno de la producción de esquisto en EEUU y las expectativas de una acuerdo nuclear con Irán, el barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI) al que se sujeta la cotización del crudo ecuatoriano con una penalización de mas/menos 10 dólares por barril no superará el promedio de los US$ 53 en 2015. Por su parte Goldman Sachs, en una nota de prensa emitida el pasado 18 de mayo, estima que los precios del petróleo cotizarán entre 50 y 60 dólares el barril hasta finales de la presente década como consecuencia de la lucha entre los estados miembros de la OPEP y EEUU para ganar cuota de mercado. Para esta banca de inversión y valores vinculada a la élite financiera, empresarial y política de los EEUU -uno de los ladrones más grandes de Wall Street con quien el gobierno ecuatoriano negoció el pasado año la entrega de 466.000 onzas de sus reservas de oro por un derivado financiero que le rinde 0,85% anual y le sirve como aval de garantía para un crédito de 400 millones de dólares a un interés del 4,3% anual, muy por debajo de la usura china al que país se ha visto obligado a recurrir en los últimos años-, el agua de shale en EEUU continuará a pesar de que la OPEP está dispuesta a mantener su producción y con ello no apoyar una subida de las cotizaciones del crudo internacional. Según la institución fundada por el empresario de origen judío-alemán Marcus Goldman en 1869 y que hoy es uno de los bancos más grandes del mundo con un capital bursátil de 55,54 mil millones de dólares, el WTI cotizará en los 57 dólares el año que viene, y en 60 dólares en 2017 y 2018. Esta condición mantendría lejos los precios del crudo respecto a los 79,7 dólares por barril presupuestados en la proforma del Presupuesto General del Estado del 2015 o los 102 dólares de valor promedio del West Texas Intermediate en abril del 2014. Si las cosas son así, el presupuesto público de inversión social e infraestructuras se ve necesariamente obligado a reformularse con el impacto que esto conlleva.


Llegado el final de “época dorada” de los commodities el gobierno ecuatoriano vive de inaugurar obras que ya estaban en curso, habiendo quedado en carpeta cualquier nuevo emprendimiento hasta que no se aclare la situación económica a la que se ha visto abocado el país. En este sentido, el gobierno comienza a demostrar sus carencias respecto a estrategias eficientes e innovadoras en materia social y económica destinadas a la disminución de la desigualdad y el desarrollo del país en este período. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), la pobreza nacional habría aumentado entre junio del 2013 y junio del 2014 de 23,69% al 24,53%; y de igual manera, el empleo inadecuado –quienes no llegan a completar la jornada legal de trabajo de 40 horas y/o quienes ganan menos del salario básico unificado- subió del 49,41% de la Población Económicamente Activa (PEA) del Ecuador en marzo del 2014 a 52,06% en marzo del 2015; mientras que el coeficiente de GINI –índice que mide la desigualdad de los ingresos entre la población- se estancó desde el 2013, rompiéndose la evolución positiva que había mantenido en los últimos años.


En este contexto, cabe reseñarse como principal factor de riesgo a la población vulnerable. Si bien la pobreza medida por ingresos (usando la línea de pobreza nacional: quien percibe menos de 2,63 dólares diarios) disminuyó del 37,6% al 22,5% entre 2006 y 2014, la población vulnerable (ingresos entre 4 y 10 dólares diarios) es del 43% de la población ecuatoriana según datos de la CEPAL, año 2012. Esta situación hace que este amplio sector de la población ecuatoriana esté expuesta a serios riesgos de volver a caer en la pobreza ante situaciones de crisis derivadas de la alta dependencia de la economía nacional respecto del sector petrolero.



La percepción generalizada de incremento de la corrupción en el país, la pérdida de credibilidad acelerada del presidente Correa, el incremento de la seguridad ciudadana, el estancamiento respecto a incremento de capacidad adquisitiva y mejora en las condiciones de trabajo, y fundamentalmente el descontento respecto al estado de la economía de un país donde el régimen sustentó sus estrategias de captación sobre políticas clientelares, posicionan al gobierno correísta en una condición nueva ante las elecciones de febrero del 2017.



Si bien los indicadores de tendencia electoral se enfocan con alta probabilidad en la continuidad del régimen, dicha victoria electoral tendría rasgos diferenciados respecto a los períodos anteriores: menor apoyo político al régimen y pérdida del control total en el Legislativo.


Estrategias opositoras

Los sectores conservadores son conscientes de que si bien Rafael Correa llegó al poder tras las elecciones del 2006 siendo un referente para la juventud –la aparición de un personaje nuevo y de perfil rompedor que significaba una bocanada de aire fresco en la decadente politiquería nacional-, en la actualidad estos apenas distinguen diferencias entre el mandatario y sus contendores. Para los jóvenes ecuatorianos todo el espectro político nacional son “astillas del mismo palo”, motivo por el cual demandan la aparición de nuevas identidades políticas con capacidad de sintonizar con nuevas demandas e inquietudes.


Conscientes de que la política consiste en agudizar las contradicciones del enemigo, algunos perfiles opositores pretendieron aprovecharse del acelerado proceso de envejecimiento del correísmo -quien se transformó de crítico de la partidocracia en el paradigma de la nueva partidocracia del siglo XXI- para ubicar en el centro del tablero de juego a figuras políticas como Mauricio Rodas o Paul Carrasco, conservador alcalde de Quito el primero y socialdemócrata liberal prefecto del Azuay el segundo. Hasta ahora ninguno de los dos demuestra tener la talla política necesaria para el reto encomendado. Más que ganar Mauricio Rodas la Alcaldía de Quito fue Augusto Barrera –ex alcalde del oficialismo- quien las perdió en 2014 tras una gestión decepcionante como burgomaestre capitalino. Tras su primer año de gestión municipal, Rodas no ha pasado de desarrollar una gestión errática y confusa en el municipio, la cual además se ha visto inmersa en contiendas internas con sus aliados políticos. En el caso de Paul Carrasco y más allá de sus ambiciones personales, el personaje sigue sin conseguir penetrar en la ciudadanía ecuatoriana existente más allá del Azuay, mostrándose apenas como una pieza política funcional al reciclado conservadurismo socialcristiano.



Ante este sumatorio de incapacidades, los sectores conservadores del país se han visto obligados a seguir apostando por la figura de Guillermo Lasso como la alternativa de “cambio” frente al oficialismo. Sin duda Lasso, segundo banquero más importante del país con un pasado vinculado a la vieja partidocracia, no es el mejor candidato para confrontar con perspectivas de victoria al régimen. Sin embargo su capacidad de generar recursos económicos para una campaña electoral, sumado a los sistemáticos errores estratégicos que se va acumulando el régimen consecuencia de políticas impopulares que se ha visto obligado a desarrollar para financiar las arcas públicas, le han convertido en un candidato con posibilidades de al menos alterar la lógica política actualmente existente en el país. En ese contexto, en entendimiento a medio plazo entre Lasso y Nebot –las dos principales facciones de la derecha- será un hecho en función de que se vaya calentado el escenario político electoral. Por su parte, dependerá del nivel de deterioro interno de la figura del presidente Correa –lo cual se vincula a la coyuntura económica que el país deba afrontar hasta abril del 2017- quien será la figura que el partido de gobierno presente a las próximas elecciones presidenciales. Disponen de las opciones de Lenin Moreno y Jorge Glas (ex vicepresidente y actual vicepresidente de la República), con binomios duros como podría ser el de Nathalie Cely, quien ya mostró su capacidad de adaptación política pasando de cargo de confianza en el gobierno de Jamil Mahuad puestos similares en el de Rafael Correa.


Una parte de la estrategia actual de la política instituida desde el poder consiste en despolitizar a la ciudadanía. Esta estrategia es apreciable a través de la generación del Decreto 16 y otras medidas similares, las cuales buscan la desactivación de cualquier acción que pueda considerarse como política por parte de instituciones no profesionalizadas de la política, es decir, desde el tejido social. Al igual que la política de disciplina carcelaria busca producir y gestionar la delincuencia, la política gubernamental persigue despolitizar a la ciudadanía, dejándole tan solo dos opciones posibles de gestión gubernamental: o la vuelta de los políticos vinculados al pasado neoliberal o el mantenimiento del actual régimen a pesar del cada vez mayor desencanto ciudadano.  En resumen, la estrategia se enfoca en generar impotencia social y encauzar el voto hacia posiciones gobernistas, bloqueando cualquier posibilidad para la aparición de opciones nuevas y realmente transformadoras que puedan promover cambios significativos que cuestionen en esencial al capitalismo.


Si bien el correísmo se ofreció como una solución a la crisis multifacética que vivía el Ecuador en 2006, defendiendo la autonomía de lo político sobre el contexto social y reinstitucionalizando un régimen de representación política muy deslegitimado al momento de su llegada, en la actualidad demuestra su incapacidad para desvincularse de la viejas formas de hacer política, permaneciendo atado a las categorías tradicionales de generación de redes clientelares y sin capacidad para producir otro estilo de gobierno o amenazar a la triste realidad existente. En Alianza PAIS nunca se entendió que dar otro sentido a la realidad no significa cambiarla. Lo alternativo quedó limitado a la políticas públicas enfocadas a implementar tecno-ciencia y cierto control sobre el mercado interno, renunciándose así a un auténtico cambio social.


El reposicionamiento electoral del CREO con Guillermo Lasso a la cabeza, demuestra que la incapacidad del régimen de patear el tablero político de forma estructural, volviéndose a generar años después una agudizada deslegitimación social del sistema de representación de los partidos. Más del 50% de las y los ecuatorianos desaprueban la política emanada del Legislativo y sus índices de credibilidad están por debajo del 25% (Fuente: Cedatos/marzo del 2015). No hay una sola figura en el Legislativo ecuatoriano que pueda referenciarse como ejemplo de brillantez parlamentaria ni que tenga posibilidades de proyección política a futuro. La mediocridad es generalizada y compartida entre las distintas corrientes políticas que calientan estos curules.


En este contexto, el conservadurismo ecuatoriano juega a la misma estrategia que se ha considerado como viable para el derrocamiento del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela: la conformación de una alianza en formato “abanico” en aras al restablecimiento de un “supuesto” régimen democrático y de libertades en el Ecuador. Para ello se han desarrollado estrategias como Compromiso Ecuador, que incorporando a amplios sectores sociales, busca erosionar al régimen en su punto más débil: la pretensión de mantener al presidente Correa en el sillón presidencial más allá de la manifiesta voluntad popular a ser consultados. Es esta la condición que permite a Lasso encontrar apoyos coyunturales en sectores “progresistas”, buscando situarse como una opción política de transición para el re-establecimiento del tan discutible “Estado de derecho”. En la práctica, lo que están haciendo los sectores de la derecha ecuatoriana es buscar los mejores escenarios para el enfrentamiento con el régimen correísta en las próximas elecciones generales, provocando las mayores contradicciones posibles en el adversario y desplazando dichos escenarios a lógicas distintas al 2006 y elecciones posteriores.


Y la izquierda…

Resulta evidente que el fenómeno correísta es el resultado del fracaso de la izquierda ecuatoriana en desarrollar un diagnóstico real de lo que ha sucedido en el país durante los últimos 15 años –pereza intelectual-. Este drama se acentúa en la actualidad debido al hecho de que la gestión correísta del poder ha laminado cualquier significado digno del término izquierda para la próxima década.

Sin embargo, hacer política implica dotar de inteligencia a circunstancias y contextos de los cuales no se ha sido protagonista. Esto significa moverse en un territorio desfavorable y que como consecuencia de la creciente polarización política que vive el país, hace que los actores tendentes al cambio no necesariamente tengan la comprensión de cuales son las claves de transformación del régimen político existente.



Mientras la mayoría de las organizaciones populares y sociales existentes en el país continúan en una lógica de alianzas bajo esquemas de “sopa de letras”, disputas internas y caracterizando al régimen como neoliberal –reflexión que la ciudadanía no entiende dado que son evidentes las diferencias existentes entre el régimen correísta y los gobiernos anteriores-, condiciones que poco o nada le ayudan respecto a su posicionamiento estratégico ante la sociedad, quienes canalizan la rabia digna -especialmente en las grandes ciudades- son los sectores más conservadores. Las élites continúan trabajando en base a intereses propios y en este escenario político, con la complicidad de los medios de comunicación masivos –los cuales les permiten seleccionar cuales son los problemas sociales de envergadura y cuales no tienen presencia mediática-, mezclan discursos contra las políticas gubernamentales desde posiciones críticas a Cuba o Venezuela con la defensa utilitarista de la aportación del 40% del Estado al IESS o cuestionando la criminalización a organizaciones sociales disidentes y líderes sociales bajo vigilancia del régimen.


Desde que comenzara el reflujo económico y se incrementaran el número de asistentes a las movilizaciones convocadas básicamente por el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), estas han ido perdiendo hegemonía sobre los manifestantes. Es un hecho la presencia de sectores conservadores en la última y exitosa movilización del Primero de Mayo no oficialista, auspiciados por sectores de la clase media alta, líderes de opinión y la burguesía comercial de las grandes urbes, bajo el grito de coincidencia multiclasista  “Fuera Correa, fuera!!”. 


El creciente ambiente de polarización social con carencia de consciencia política que se visualiza en el Ecuador en ambos lados de la barricada, viene a demostrar la necesidad de desarrollar un trabajo político más allá del ámbito estrictamente ideológico. En la práctica, la mayoría de población no entiende que el rasgo político fundamental del correísmo ha sido el desarrollo de un proceso de tardo-modernización capitalista impulsada desde la planificación estatal, y que en ese marco de contradicciones generadas se mueve la contienda actual. Las contradicciones cada vez mayores entre discurso y praxis oficialista (revolución, socialismo del siglo XXI, poder popular, gobierno de los trabajadores entre otras, frente al aumento de los beneficios empresariales de los grandes capitales -nacionales y transnacionales- y la agudización de la explotación laboral en el país) no esta siendo el eje de acumulación política de las organizaciones sociales con pretendido perfil transformador.


El protagonismo político readquirido por las centrales sindicales no supeditadas al régimen no está implicando una reconversión de estas, manteniéndose las mismas viejas formas heredadas de la escuela tradicional burocrática sindical en una lógica que a la postre significará su desplazamiento de esa parte de la centralidad política que en la actualidad de forma sorprendente ocupan. No se está desarrollando ni nuevas formas de intervención sindical ni se están expandiendo los ámbitos de acción a nuevos sectores que se han generado en los últimos años en el mercado laboral ecuatoriano. Por su parte, la Conaie sigue viviendo un mar de contradicciones internas que posiciona la crítica gubernamental de sus bases más en el ámbito de la coyuntura económica –las comunidades se acostumbraron a negociar sus apoyos al régimen en base a contraprestaciones monetarias, infraestructuras y erráticas políticas agropecuarias que en la actualidad se encuentran en retroceso debido a los recortes presupuestarios- que en la homogenización de criterios sobre el modelo de sociedad y Estado plurinacional que caracterizó sus reivindicaciones en el pasado. Los sectores anti-gubernamentales de perfil progresistas ni siquiera cuentan hoy con organizaciones políticas con capacidad de capitalizar electoralmente el descontento social, lo que implica carencias en táctica y estrategia, así como dificulta la posibilidad de disputar en términos hegemónicos el liderazgo post-correísta. Esta condición genera el riesgo de convertirlos en funcionales a la rearticulación del proyecto político de las élites conservadoras nacionales, algo que ya ha sucedido en reiteradas ocasiones en el pasado reciente.


Lo significado anteriormente es grave, dado que demuestra el anquilosamiento existente entre gran parte de las organizaciones de izquierda. Se ignora reiterativamente el hecho de que el cambio de régimen no es de carácter cuantitativo, sino cualitativo. Se trata de generar nuevas coordinadas en el juego político, generando nuevos escenarios donde las condiciones dejen de ser tan desfavorables; dentro de un contexto donde los consensos políticos, sociales y económicos desarrollados en base a un fuerte crecimiento económico comienzan a dejar de ser viables. Un indicador palpable de esta realidad es el crecimiento de los conflictos sociales y laborales existentes en el país.


Ante la puesta en cuestión del pretendido horizonte correísta basado en el concepto “gramsciano” de hegemonía ideológica y construcción de instrumentos políticos organizados con incidencia protagónica en la sociedad, el nuevo reto de la izquierda ecuatoriana es desarrollar a través de ejercicios de inteligencia colectiva una nueva forma de intervención que supere el exclusivo ámbito ideológico.

jueves, 29 de enero de 2015

Encalló el buque de carga “La Floreana”



En los pobladores de las Islas encantadas existe gran incertidumbre debido a que encalló el buque de carga “La Floreana” con 1400 toneladas de víveres, cilindros de gas, carros y productos de primera necesidad en las costas de la isla Santa Cristóbal, en Puerto Baquerizo Moreno.

Hoy cientos de personas han llegado a Puerto Baquerizo con la intención de rescatar lo que se pueda de su carga mientras llega el equipo necesario para solucionar el acallamiento.

Para los pobladores existe zozobra de cómo se va arreglar el problema de suministros para las islas pues dicen que en un año se han hundido tres buques de carga, lo que provoca que los precios sobretodo de los alimentos de eleven hasta en un 150%.

Así mismo culpan al monopolio de los barcos que no permiten que entren otras empresas a ofrecer el servicio de carga y culpan a los alcaldes, concejales y al gobernador de no tener elaborado un plan de emergencia para este tipo de eventualidades, tomando en cuenta que esta es la tercera ocasión que pasa este tipo de percance.


Para Tamara, pobladora de San Cristobal, exige al Presidente Correa,” que cumpla con su ofrecimiento de permitir trabajar a otros buques de carga, por lo visto prima los intereses económicos de este monopolio sobre el interés de las necesidades de la población”.

martes, 13 de enero de 2015

El Metro que no se justifica

Ricardo Buitrón Cisneros

Cómo explicar un proyecto como el metro para Quito que no resolverá la movilidad en la ciudad y con su oneroso costo restringirá otras opciones de transporte.



1. Ausencia de un estudio base. El proyecto de metro de Quito se realizó sin el estudio base fundamental para cualquier obra de esta envergadura, más aún en una ciudad que debe planificar de manera cuidadosa sus inversiones. La ausencia de un estudio comparativo de sistemas de transporte masivo para la ciudad con el que se podría decidir cuál o cuáles son las mejores opciones de transporte para la ciudad sería suficiente argumento para detener este proyecto porque evidencia que el metro se seleccionó a dedo y eso de por si ya es bastante grave[i]. Ni el alcalde, ni los concejales, ni sus asesores tienen certeza de que ayudará a superar el problema de la movilidad en la ciudad, por lo que muchas de las justificaciones que presentan son meras suposiciones.

Además el Instituto Nacional de Preinversión INP contrató una consultoría con expertos alemanes sobre este tema y en la misma se señalaba que el metro no era la mejor opción para la ciudad.

2. Afirmaciones que carecen de sustento pretenden justificar la propuesta. Que el metro será la columna vertebral del sistema de transporte masivo de la ciudad; que el metro sacará de circulación miles de vehículos privados; que el metro resolverá el problema de la movilidad en la ciudad, etc. Sin considerar otras que son aún más deleznables: Que con el metro entraremos en la modernidad; que Quito con el metro se convertirá en Metrópoli. Muchas de ellas solo parte de una campaña   masiva de propaganda.

La línea de metro apenas tiene 22 km, y si se llegara a construir la segunda línea proyectada, Labrador- Carapungo, en una década o más, solo sumará 9 km. La columna vertebral del sistema es el sistema BRT, que tiene ya construidos 97 km, sin contar el corredor sur occidental, que no se ha implementado con buses articulados. Tiene tres corredores principales y transporta 820 mil pasajeros/día (datos oficiales a Dic. 2012) frente a los 400 mil pasajeros/día que transportará en su inicio el metro. Solo el trolebus transporta 250 mil pasajeros día y si se lo potencia podría transportar 500 mil pasajeros/día. El metro apenas cubrirá el 17% de los viajes en ese mismo sentido mientras el sistema BRT existente cubre ya el 37% de viajes en el mismo sentido.

El metro compite con el sistema de transporte masivo existente. Ningún sistema de transporte masivo debe competir con otro en el mismo sentido. Eso lo afirma uno de los expertos en sistemas de transporte en la región y urbanista de primer nivel. El metro compite con todo el sistema de transporte masivo de la ciudad que atraviesa longitudinalmente la ciudad.

3. Costo oneroso para su construcción, mantenimiento y operación. Calculando por lo bajo, esto es comparando los diferentes costos operacionales de los metros en la región, y tomando el promedio de los mismos se puede calcular que el mantenimiento y la operación del metro le costará a la ciudad alrededor de 100 millones de dólares anuales, los cuales se deberán subsidiar. Con lo que cuestan los 22 km del metro se podría construir este conjunto de infraestructura:
a) BRT: 250 km de corredores exclusivos con 500 buses articulados. Costo 1412 millones USD [ii]
b) LRT: Tranvía sobre los 24 km del Trolebús. Costo 397 millones USD. [iii]
c) Tren elevado LA BALBINA Rumiñahui – EL TREBOL Quito de 27 km. Costo 270 millones USD
[iv] 
d) METROFERICO Quito - Tumbaco de 7,74 km. Costo 163 millones USD.
e) METROFERICO PARQUE CAROLINA – NAQ AEROPUERTO TABABELA de 12 km. Costo 180 millones USD
f) METROFERICO NORTE – NAQ AEROPUERTO TABABELA de 2,37 km. Costo 20 millones USD. [v]
g) CICLOVIAS 100 km. Costo 50 millones USD
[vi]
h) Peatonización Centro Histórico. 50 millones USD
i) Red Interconectada de Parques Urbanos. 50 millones USD
TOTAL 2592 millones USD y 443 km. Esto significa ampliar la cobertura del sistema de transporte a todo el Distrito, a los valles, al sur y norte de la ciudad. [vii]

4. Uno de los argumentos más usados es que el sistema BRT está colapsado y no sirve para cubrir la demanda futura. Esta afirmación es una verdad a medias. El sistema BRT a pesar de su estado de abandono y de que nunca se completó lo que estaba planificado, ni siquiera en los corredores existentes, moviliza miles de pasajeros/día. Si se lo completa, potencia y se hacen nuevos corredores podría servir en cobertura a gran parte del distrito metropolitano. Algunos de los puntos claves para lograr su operación adecuada:

. Completar los corredores. Por Ej. El trolebus debía llegar hasta la estación interprovincial de buses de Carcelén, lo mismo el metrobus. Deben hacerse los corredores transversales y sacar a los buses tipo que compiten en el mismo sentido.
. El sistema debe estar interconectado en su conjunto, con un mismo pasaje se deberían hacer los trasbordos en todo el sistema. Esto implica un sistema de caja única y sistema electrónico de cobro.
. Renovar y ampliar la flota de unidades del sistema. Existen ahora unidades biarticuladas con capacidad de 300 pasajeros; los articulados pueden ir en convoy. Solo esto podría aumentar la capacidad de transporte de pasajeros del sistema BRT al doble.
. Hacer los corredores planificados hace quince años (ver plano de corredores BRT)

5. Se mantiene tercamente el mito de que la construcción y ampliación de vías, los pasos a desnivel, los viaductos, los puentes, los túneles o los intercambiadores resuelven los problemas de movilidad urbana. No lo hacen precisamente porque esta nueva infraestructura se construye exclusivamente pensando en los automóviles, y lo que es peor no se contemplan en ella sistemas de transporte masivo y alternativo. Ni siquiera los buses convencionales tienen mayor cabida en esta infraestructura. La nueva Ruta Viva es un buen ejemplo de ello, solo hay que notar la ausencia de paradas adecuadas para los buses convencionales, de como no se cumplen las ordenanzas que preveían incorporar en esta vía carriles exclusivos para transporte público y ciclovías. El concepto de la demanda inducida no ha sido procesado por los planificadores urbanos en esta ciudad. [viii]

 Corredores BRT planificados por el MDMQ



6. Cobertura del sistema y nuevas centralidades. Por la misma distribución geográfica de la ciudad, los sistemas de transporte masivo deben ser pensados para que amplíen la cobertura a todo el distrito metropolitano. Los 22 km de metro y quien sabe cuándo los siguientes 9 km de la línea 2 y en el mismo sentido como eje principal del sistema no tienen mucho sentido. Que pasa con el resto del distrito, con los valles, con Tumbaco, San Rafael, con San Antonio, con Tambillo? Bien decía el urbanista Jaime Lerner que el metro es cosa del pasado, no se puede tener esperando a miles de ciudadanos por una línea y quien sabe cuándo la siguiente por el alto costo de la misma[ix].

Cuando algo inicia mal, termina mal.

NOTAS
[i]   Esto que señalamos desde un inicio lo confirmó el concejal Patricio Ubidia en declaraciones publicas. http://lalineadefuego.info/2014/10/30/el-gobierno-de-quito-ante-una-encrucijada-el-metro-por-ricardo-buitron-c/
[iii]  Costo del tranvía de Cuenca para 14 km es de 232 millones de USD. http://www.eluniverso.com/noticias/2013/07/03/nota/1110576/obras-tranvia-cuenca-ya-se-ejecutan
[vii]  Una de las ofertas presentadas en la licitación inicial del metro de Quito establece que los 22 km tendrán un costo de 2700 millones US$; la línea dos del metro en la ciudad de Lima de 35 km está presupuestada en 5658 millones US$, con ese mismo cálculo de 161 millones x km el metro de Quito estaría costando unos 3556 millones US$. Las cifras del costo del metro para Quito no cuadran desde un inicio.
[viii] Demanda inducida significa que cualquier infraestructura vial que se construya terminará siendo saturada por nuevos automóviles que se incorporan en la ciudad en un tiempo muy corto. Solo en el 2014 ingresaron 50 mil nuevos automóviles en Quito.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Yasuní: entre responsabilidades y alternativas

Por Edgar Isch
 
Probablemente es Pilatos el político más famoso por responsabilizar de sus propias decisiones a los demás. Su gesto de "lavarse las manos", ha ingresado en el lenguaje popular para identificar a los que se justifican poniéndose como víctimas de lo que hacen otros. El juicio a Jesús fue además un ejemplo del absurdo de poner en plebiscito los derechos y la vida de alguien. La mayoría cayó en la trampa y decidió, como para recordarnos que ser mayoría no es igual que tener la razón y que, quien cuenta hoy con una mayoría, la gozará sólo transitoriamente. Del linchamiento mediático, podemos presuponer que de éste se hicieron cargo los sacerdotes, como aparato ideológico de los poderes de la época, que tenían su "sabatina" en cada ceremonia religiosa.

Tras la edición de explotar el crudo en el ITT, muchas personas han resaltado que responsabilizar al mundo entero no es sino otra forma de "lavarse las manos". Para colmo, hay que alertar que en la justa consulta popular planteada por las organizaciones sociales, no se puede incluir una decisión sobre la vida de los Tagaeris y Taromename, para no repetir dramáticamente la historia, sino que la consulta trata exclusivamente de lo planteado en la pregunta sobre dejar el crudo bajo suelo de manera indefinida. Pero el discurso de quienes apoyan la decisión gubernamental, en buena medida está dirigido a desconocer no sólo la presencia de estos pueblos en los bloques que se explotarán, sino incluso en todo el parque. Si no existe no puede tener derechos, pensarán, como en su momento han actuado todos los colonizadores.

Pero quien toma la decisión final, quien firma un decreto, es una persona con nombre y apellido. No importa el justificativo que se ponga y menos aún cuando la iniciativa de dejar el crudo bajo suelo fue, desde un inicio, superada por el por el llamado Plan B del gobierno. Basta recordar que, inmediatamente de lanzada la iniciativa Yasuní-ITT, el entonces gerente de Petroecuador realizó negociaciones con empresas estatales de otros países para la explotación del bloque; que se firmó un convenio en esa dirección con PDVSA; que cuando ya se tenía importantes avances que permitirían cumplir con las metas económicas el Presidente Correa, el 12 enero 2010, detuvo la firma del fideicomiso y planteó que los países aportantes podrían meterse sus centavitos por las orejas; que se anunció la firma del fideicomiso en la cumbre mundial de cambio climático de Copenhague, pero que se la suspendió; que se cambiaron los límites y forma de bloque 14 para que limite con el bloque ITT; que desarrollaron trabajos en el bloque 31, también contiguo al ITT; que se denunciaba los avances de trabajos en Tambococha; entre otros hechos.

Con estos antecedentes, fue el gobierno ecuatoriano al que dio un mensaje al mundo que señalaba que priorizaba el plan B que, con los plazos insistentemente colocados para verificar si ya se había reunido dinero suficiente, se anunciaba la proximidad del día en que se declararía muerto el plan A. Esto, incluso, mucho antes de los 13 años que se había estimado como necesarios para completar el monto esperado para el fideicomiso. Y dio otro mensaje: no importa la ética de una acción, sino cuanto beneficio recibo a cambio. Triste lección moral para la niñez ecuatoriana.

Cierto es que la respuesta de las potencias capitalistas las delata también por su falta de interés en enfrentar con coherencia problemas globales como el cambio climático. No es la primera vez, es el fracaso del mercado de carbono y el protocolo de Kyoto, a pesar de la tibieza de este último, son parte de las expresiones de cómo priorizan lo económico por encima del futuro de la humanidad. Los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra, que desde un inicio se manifestaron opuestos a una iniciativa como estas, son quienes, al igual que en otros casos, cumplieron el peor papel. Funcionarios de derecha en Alemania lo hicieron igual, pero hay que recordar que el Congreso de ese país había formalmente aprobado el apoyo a la iniciativa antes de que se les pida que se lo guarden en las orejas.

Pero la respuesta de los otros no es lo fundamental cuando una autoridad toma una decisión. Lo fundamental es estar convencido de esa decisión. Y así es como ha actuado el gobierno de Costa Rica, que sin siquiera llamarse progresista, excluyó radicalmente la explotación petrolera en sus áreas naturales y, en noviembre de 2011, se declaró país libre de la minería a cielo abierto, sin pedir un centavo al resto del mundo, sino con la seguridad de que incluso desde el mero análisis económico, esa era la mejor opción para un país pobre y para el futuro de las nuevas generaciones.

En nuestro caso, otro factor que debe ser considerado, es que el discurso gubernamental ha cambiado tanto que en muchas partes del mundo podrían estar pensando si acaso el Ecuador quiso engañarles presentando información que ahora es negada por el propio gobierno. ¿Podrán creer, ahora, que se pedía tanto apoyo sólo por el 1 por 1000 del parque, que aunque se saque petróleo no habrá daños y que los pueblos libres no contactados no han tenido presencia? La imagen internacional del Ecuador se verá también afectada con la declaratoria de muerte a la iniciativa Yasuní-ITT.

La alternativa fue y es dejar el crudo bajo suelo

Un desafío de quienes están a favor de la explotación petrolera en el Yasuní- ITT, es que se les presenta de otra alternativa para tener esos recursos. Desafío tramposo puesto que la alternativa era y es dejar el crudo bajo suelo, y esto por varias razones:

-        Porque es una alternativa real para la mitigación del cambio climático a nivel del mundo, convocando a un verdadero cambio en la forma de producir y consumir energía a nivel global.
-        Porque es una alternativa que "desde una perspectiva integrada y multidimensional, la iniciativa Yasuní-ITT es más favorable para el Ecuador, frente a las versiones de extracción petrolera en el campo ITT" según lo constata el estudio "La iniciativa y Yasuní-ITT desde una perspectiva multicriterial”, realizado por María Cristina Vallejo, Carlos Larrea, Rafael Urbano y Fander Falconí, en 2011.
-        Porque se evitaba actividades de alto riesgo y, por tanto de alto impacto social y ambiental, en una de las áreas más vio diversas y más frágiles del planeta.
-        Porque permitía avanzar en la construcción del Sumak Kawsay y en una transición a un modelo productivo post extractivista.
-        Porque la comisión que permaneció hasta 2010 había logrado compromisos y ofrecimientos por unos 1.600 millones, una cifra extraordinaria en poco tiempo, que indicaba las posibilidades plenas de éxito.

Para exigir nuevas alternativas, se ha planteado que la opción es entre extraer petróleo o pobreza. Conclusión falsa si se considera que hay países con pobreza reducida y alto desarrollo a pesar de no tener recursos como petróleo y minería, mientras existen otros que han hecho ese tipo de explotación por décadas, incluyendo el Ecuador, y que están inundados de pobreza. Porque la pobreza tiene que ver con la distribución de la riqueza socialmente producida y no con cuál es su fuente de producción. Y en un país tan inequitativo como el nuestro, en el que además este gobierno ha tenido más recursos y más tiempo que ningún otro, la pobreza existe y se insiste en fórmulas para apoyar al gran capital privado tales como la legalización de las camaroneras establecidas y legalmente destruyendo manglares (y el gobierno dice que se preocupa por la deforestación), las reformas a la ley minera e incluso las reformas al código de trabajo. Esto se corresponde a una declaración de Rafael Correa que no debe ser olvidada:
"básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero si es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa" (El Telégrafo, 15 de enero de 2012).

Si no se quiere afectar ni perjudicar a los que se llevan el mayor pedazo del pastel, lo único que se puede hacer es afectar a los más pobres y a la naturaleza que la sustenta todos. Y eso es lo que se está haciendo. Pero si se quiere resolver el problema de la pobreza, lo que hay que hacer redistribuir la riqueza y para ello se ha planteado una serie de fórmulas posibles que tienen que ver con la nacionalización de las telefónicas, con beneficios tributarios que reciben los más grandes grupos monopólicos para qué paguen impuestos igual que el resto de ciudadanos, entre varias otras. Incluso a nivel contable hay fórmulas presentadas como la reestructuración de la deuda pública o la reducción de los gastos de publicidad del gobierno central, que también posibilitarían contar con grandes recursos.

Es decir, que si lo que se quiere tener es recursos, hay fórmulas más eficientes, que entregarán mayores cantidades que explotando ese crudo pesado y con resultados en menor tiempo que la explotación petrolera. Pero para ello se requeriría priorizar la redistribución de la riqueza y romper con el deseo de no perjudicar a los ricos. El gobierno ha apuntado al extractivismo y afectar a los más débiles de la pirámide social, arriesgándose incluso al etnocidio de los pueblos no contactados.