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viernes, 28 de noviembre de 2014

Código Orgánico Integral Penal



Redacción Rupturas

La ley penal goza del principio de reserva de ley, que no es otra cosa que la potestad exclusiva de la que goza el poder legislativo para crear, modificar o derogar leyes; en suma, la definición de las conductas relevantes para el derecho penal, corresponde determinarlas solamente al legislador integrado en la función legislativa del Estado. De este escenario político deviene la creación de los tipos penales o su anulación, así como la determinación de las penas para cada uno de esos tipos penales. La creación de la ley penal queda sometida al ejercicio del poder público y este, subordinado a la correlación de las fuerzas políticas que actúan por delegación del pueblo soberano, que es el ente social que retiene para sí la soberanía pero que no la ejerce directamente, sino a través de la delegación que otorga a los representantes de elección popular mediante las elecciones, que la burguesía  denomina “fiesta de la democracia”. Ciertamente es una “fiesta”, ya que en esos procesos electorales controlados por el poder central es donde se festinan los intereses del pueblo y la nación.

La ley penal es, entonces, el termómetro de la democracia. Mientras más se amplían las conductas declaradas de relevancia penal, disminuye la diáspora democrática; si a las penas no se las considera como retribución por las conductas lesivas sino de prevención general, es decir, concebidas para que sirvan de escarnio social, disminuye el concepto democrático de la vida social; si la ley penal hace un acumulado de penas, introduce el concepto de punición represiva y autoritaria del Estado, agravando la situación de los infractores en el contexto de la vida social. Si la ley penal se hace de la vista gorda frente a determinadas conductas individuales que lesionan el interés público, como es el caso del peculado y, por el contrario, pone mucho ojo en las conductas colectivas que son contestatarias al régimen, estamos frente a claras posiciones fascistas, retardatarias y francamente reaccionarias que buscan eliminar la protesta popular. ¡Así de sencillo!

Miremos desde la década de los sesentas: la instalación de una dictadura militar oprobiosa, de corte anticomunista, durante la cual todo pensamiento progresista era considerado crimen contra el Estado; la dictadura velasquista de los setentas persiguió a sangre y fuego la lucha popular y asesinó a los dirigentes sindicales y populares; la dictadura que siguió al velasquismo  instaló tribunales especiales y persiguió la acción popular progresista. Luego se abrió el denominado “reencuentro democrático” inaugurado por Jaime Roldós Aguilera, época de florecimiento de la socialdemocracia, que permitió una apertura democrática habilitada para la acción popular, con el intervalo de la negra noche del febrescordersimo, caracterizada por desapariciones forzosas, crímenes contra dirigentes populares, encarcelamientos y persecución policial.

Frente a esa brutal represión de las dictaduras militares pro imperialistas vinculadas al plan Cóndor, como respuesta a la falacia socialdemócrata y al febrescordersimo antisindical y antipopular, el pueblo ecuatoriano, los trabajadores, los artesanos, las amas de casa, los maestros, el movimiento campesino e indígena, la juventud rebelde, los hombres y mujeres patriotas, llegamos a Montecristi para instalar una Asamblea Constituyente, que nos permitió la redacción de una Carta Magna democrática, inclusiva, que recogió la diversidad cultural y la necesaria unidad nacional para construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, una sociedad que respete en todas sus dimensiones la dignidad de las personas y de las colectividades, un país democrático, comprometido con la integración latinoamericana, como herederos de las luchas sociales de liberación frente a todas las formas de dominación y colonialismo. En este marco, el pueblo ecuatoriano entregó un mandato a Rafael Correa para que enarbole nuestras banderas de liberación social y nacional.

¿Qué tenemos hoy? Un acuerdo político de Correa con los empresarios que se expresa en el Código Monetario, en el Código del Trabajo, Código de la Producción, Ley de Aguas, COOTAD, Ley de Hidrocarburos, limitación a la contratación colectiva, Ley de Seguridad Social; tenemos un Tratado de Libre Comercio TLC con Europa; el reingreso al sistema financiero mundial regido por el FMI y el Banco Mundial; desaparición de partidos políticos, eliminación de organizaciones sociales con el Decreto 016; penetración en el Bosque Protegido Yasuní y desarrollo de la política extractivista a través de la minería en gran escala y a cielo abierto…

Tales logros del caudillo y de la “revolución ciudadana” deben ser protegidos a través de un sistema efectivo de control social, para lo cual creó el Código Orgánico Integral Penal COIP, que incorpora a la función judicial en la criminalización de la lucha del pueblo por su Patria, por su vida, por el derecho a afirmar sus logros y conquistas, por el derecho a construir un gobierno popular, democrático, que siente las bases materiales, técnicas y culturales de la sociedad socialista. El derecho constitucional del pueblo a la resistencia ha sido abolido  por el régimen y, en su lugar, ha penalizado las conductas individuales y colectivas que se oponen a las políticas públicas del arrogante caudillo neofascista.

Se han creado en el COIP los tipos abiertos, esto es, aquellas leyes penales que contienen varios y amplísimos preceptos, con un sinnúmero de verbos rectores que se agrupan bajo conceptos de rebelión con pena de cinco a siete años de prisión; sedición, con pena de uno a tres años; paralización de un servicio público, con pena de uno a tres años; sabotaje, con pena de cinco a siete años; incitación a discordia entre ciudadanos, con pena de uno a tres años; terrorismo, con pena de diez a trece años. Las conductas que se prevén en estas normas abarcan un amplísimo abanico hipotético, bajo el cual la fiscalía acusa y el juez sanciona pues, de facto, Correa eliminó la independencia de la función judicial que hoy está subordinada al Consejo de la Judicatura, al Ministerio del Interior, al Ministerio de Justicia y al propio presidente Correa.


Las “enmiendas” a la Constitución y la reelección buscan desmantelar la Constitución de Montecristi, anular derechos y garantías y consolidar un sistema neofascista que aplaste toda forma de reacción popular.

martes, 2 de octubre de 2012

La violencia del Estado y el garrote del poder


Por: Tomas Rodríguez León
“…este socialismo tiene miedo de todo, incluso de la revolución…”.
Albert Camus

  La forma de legitimización y naturalización del poder  en la sociedad, es proponer e imponer   el monopolio de la condición dominadora -  controladora como fuerza interiorizada en positivo, para  hacer creíble y realista el miedo a la libertad. La convocatoria se extiende a educar  en la no libertad, aun en aquellos que creen en la  justica social.  La libertad como aspiración humana, no será nunca una necesidad para el poder y este querrá que no lo sea para la sociedad. La búsqueda  realista  pretende  que la sociedad acepte las bondades de los actos represivos, situándolos en el territorio del reino de la necesidad superada o superable,   racionalización que será  permanente como mixtificada en un futuro celestial de la libertad final. 
Fácilmente los que están (estamos) en la línea de la libertad individual y colectiva serán, seremos, candidatos a criminales, estigmatizados.  La cuestión criminal, se expresa a  tono con las dimensiones del ejercicio del poder,  los actores políticos con  menos poder serán, cuando revolucionarios, oponentes a las formas de opresión o dominio y proponentes de ejercicio de libertad y justicia. Esto es una aproximación  a la entelequia de la democracia. Los políticos sin poder pueden ser también concurrentes proponentes de formas iguales o peores de opresión económica o política, ellos aguardan su turno para la administración de la explotación, la dominación y la eliminación de la resistencia de los oprimidos.
Dirigir y organizar la represión contra la resistencia, es el rol consustancial de todo estado (Marx). El estado totalitario burgués en sus formas fascistas, construye  las garantías de la explotación económica en el marco jurídico policiaco contra los trabajadores y los oprimidos. En otro formato, a nombre de la revolución, el socialismo y la justicia otros “actores” al margen de la clase que dijeron representar,  construyeron monstruos estatales  que liquidaron la democracia de los obreros y abandonaron  indefinidamente la proclama de la  libertad. El estado tiene sus versiones extremas  en los  fascismos y los pseudo  socialismos
La sentencia es clara: Estado y política criminal son  consustanciales. Las  “políticas públicas” de la represión pueden democráticamente estar repartidas; típica conducta del estado liberal que invisibiliza la represión por efecto de una distribución atomizada de la violencia, en poderes nacionales, locales, comunitarios, familiares o personales. Pero  el estado y su idolología violenta, estarán en el escenario liberal  barnizados de un aparente manto de libertad que se rompe cuando las necesidades del sistema así lo determinen y se expresara con igual violencia
Los procesos criminales en la sociedad  en el marco de lo que hoy se denomina gobernabilidad y gobernanza, “ciudadana”, son ideología y conducta de aprendizajes que se reiteran cíclicamente hasta formar una cultura de aceptación de la violencia de  “arriba”. El poder ordena la sociedad, civil obedece y autoriza ¡vaya ciudadanía¡¡
La represión “necesaria” es atributo concedido a una casta burocrática para dirigir y organizar el sistema.[1] Cuando el eje gobernante se expresa con brutalidad, su rol pedagógico será también  instituir la violencia como modelo mental aceptable donde quien califica y organiza la violencia y su justipreciación es el sacrosanto Estado, con sus  formas jurídicas y sus formas policiales. Un estado totalitario represor no tendrá reparos para que en el pequeño estado se institucionalice la violencia, (en fin de cuentas todo principio de autoridad le es funcionalmente útil) las  imágenes intrafamiliares y comunitarias de la violencia, son recreaciones culturales de trasmisión vertical necesarias para que el ente dominador exista.
 Lo que no permitirá el poder, es que exista clarividencia de la agresión central o que se organicen  resistencias a la violencia tutorial del estado, ni siquiera en el plano teórico. Adicionalmente  castigara la violencia reactiva o paralela al poder, pues clave será, no admitir competencia en el  monopolio de la agresión. Así se explica el porqué combate contra  metropolitanos, delincuentes y revolucionarios
Un análisis menos sociológico  y más histórico  de esta violencia criminal, está a la vista en la lejana y próxima historia. En nuestro país, la masacre de del 15 de noviembre, la masacre de Aztra, la masacre del 2 y 3 de junio, la del 29 de mayo, la masacre a los insurgentes intentos guerrilleros en el pasado. Y en el presente la persecución y criminalización de la protesta social, la cárcel la Guadalupe llori, Marcelo Rivera, el encarcelamiento a jóvenes revolucionarios, la persecución a quienes piensan diferente…el crimen del estado con matices, sigue firme y brutal y no solo eso, siempre  en cada momento, se estigmatizo a los violentados con los más variados calificativos (violencia simbólica) “terroristas bolcheviques” se dijo de los obreros el 15 de noviembre, “bandas criminales” dijo Ponce Enríquez del pueblo guayaquileño martirizado, “basta de bestias” decía Febres cordero a los jóvenes alfaristas. “protestas criminales” “garroteros secuestradores…culpables…” dice Correa
El estado  violento  habla de violencia, ¡el burro habla de orejas¡¡. García Moreno, Tamayo, Arroyo del Rio, Velasco Ibarra, Febres Cordero, Correa… guardan la coherencia del lenguaje; acusan  a las víctimas de ser los criminales…y las victimas llámense obreros, maestros, revolucionarios, jóvenes o guerrilleros recibirán con escarnio en busca de imaginarios adoptables, los calificativos peores: terroristas, garroteros, secuestradores de la educación, enemigos de la salud pública etc.
Cuando la política criminal del estado  informa a todo el sistema: legislador, legal, tributario que la relación debe estar bien traducida, le queda un margen de error o desviación estándar, si no ha logrado impactar con su esquema, dos escenarios esenciales para la mistificación, estos son: los medios de  opinión, comunicación y crítica y el sistema educativo. De ahí que es curioso pero no sorprendente que gobiernos con estas aficiones totalitarias consideren como enemigos número uno a los periodistas y a los maestros. Porque son los comunicadores y los educadores, quienes debiendo ser los primeros reproductores ideológicos se pasan a constituirse en la amenaza contra el afán de dominio.
El control penal que se promueve  requiere de la instalación de un proceso de criminalización (fase ideológica). Por ello urgente tanto para el sistema o como para la oposición democrática fundamentalmente de la izquierda,  será fundamental el tema de la autenticidad. Las leyes (penales, procesal penales, represivo laborales) deberán, en la lógica del  estado totalitario, generar instancias concretas para que  actúen los adheridos al poder como operadores sociales. El momento previsto es crear guardias civiles conectados al estado para complementar el control social.
 La unidad es un buen punto de partida, para ser una unidad triunfadora. La izquierda cuenta con su historia y hasta con sus errores en corrección, tiene los elementos para advertir los riegos. Demócratas liberales conscientes de la amenaza, pueden  sumarse al colectivo de la resistencia, que por primera vez será un colectivo democrático, amplio, con liderazgo  viable de una izquierda inteligente. Buen comienzo de Alberto Acosta
 ¡Yo también soy Sol Rojo - Luluncoto ¡


[1] Concesión lograda por el bajo nivel de conciencia o por el alto nivel de mistificación